Geografías De La Infancia

De Gabriel Vieira Posada

Antes de la revolución industrial casi no existían imágenes con infantes. Las condiciones demográficas durante el medioevo no permitieron asumir a la niñez como un concepto diferenciado, ya que los pequeños fallecían fácilmente víctimas de epidemias, guerras o hambruna. Para el historiador Philippe Ariès (2011), “a nadie se le ocurría conservar la imagen de un niño, tanto si había vivido y se había hecho hombre, como si se había muerto en la primera infancia; en el primer caso, la infancia no era más que un pasaje sin importancia, que no era necesario grabar en la memoria; en el segundo caso, si el niño moría, nadie pensaba que esta cosita que desaparecía tan pronto fuera digna de recordar, pues había tantos de estos seres cuya supervivencia era tan problemática”.

Con el avance de la industrialización, los niños fueron reconocidos como individuos portadores de derechos y se les brindó un mayor cuidado, pero a la vez se instituyó su explotación en tareas peligrosas, bajo condiciones laborales insalubres. Esto llevó a un grupo creciente de reformadores a aprobar una legislación que controlara tales prácticas, movidos por una noción relativamente nueva: el niño como objeto de compasión o de filantropía (Berlinski & Norbert, 2015). Por ese entonces se diseñó la escolaridad y con ella, los modelos pedagógicos.

En sus inicios, los modelos de educación asumieron a los niños como carentes de saberes, como un proyecto futuro cuya instrucción resultaba necesaria para su adaptación social” (Salviolo, 2014). Ya que se favorecía un tipo de progreso positivista basado en los desarrollos tecnológicos, la enseñanza se programó a partir de los condicionamientos operantes del conductismo, de orientación adulto-centrista, modelo que predominó en las prácticas educativas hasta la primera mitad del siglo XX.

Pasada la segunda guerra mundial, la sociedad occidental mostró cambios radicales en cuanto al debilitamiento de la autoridad parental y el consecuente aumento de la autonomía de los hijos (Perales & Pérez, 2008); también, se ampliaron las opciones tecnológicas para acceder al conocimiento y descubrir el mundo a través de los medios, los cuales se popularizaron aceleradamente.

Según los hallazgos de Bruner, Steiner y Tonucci, el 80% de las capacidades individuales de un ser humano se adquieren antes de los 8 años de vida, por lo que la niñez es una etapa privilegiada del desarrollo evolutivo de los individuos, en la que se establecen las bases para el desarrollo cognitivo, emocional y social, a la vez que forman su personalidad y ganan autonomía (Sandoval, 2012). Desde esta perspectiva, debemos cuestionar los modelos imperantes de educación en Colombia y el rol que están cumpliendo las mediaciones de la familia, la escuela y la sociedad en la vida de los niños, para descubrir hasta dónde potenciamos o por el contrario desperdiciamos el talento infantil y las ideas que los más pequeños pueden generar.

Los niños y niñas que pueblan las imágenes de esta muestra crecieron en los campos y ciudades de Colombia; su infancia se nutrió de los juegos con sus pares, de los aprendizajes recibidos en la escuela y la familia, de los abrazos y caricias compartidos, de las lecturas, los cantos y los bailes, de los trabajos y tareas, y también de su relación con un entorno de retos y vivencias que, las más de las veces, limitan sus capacidades como ciudadanos libres.

La exposición Geografías de la infancia recoge imágenes capturadas durante 30 años en soportes fotográficos analógicos (positivos y negativos) y digitales, materiales que han evolucionado de manera asombrosa hasta hoy.  Más allá de las virtudes técnicas y estéticas que puede tener o no este conjunto de fotografías, en esta muestra yo te invito a que conectes con estos personajes-niños y niñas, con sus miradas y gestos, con sus acciones y todo aquello que los rodea, hasta descubrir en ellos un aspecto esencial de sus vidas, reflejado en el instante que mostraron a la cámara durante su encuentro conmigo.

La riqueza de las diversas culturas de Colombia aparece aquí plasmada en momentos de juego, rito o diversión, camaradería, socialización, trabajo y contemplación de su entorno. Sea este un homenaje a todos los niños y niñas, desde la profunda admiración que siento cuando participo con ellos de esa etapa inocente y genuina que es la infancia, parte esencial en la vida de los habitantes más pequeños de mi país.

Gabriel Vieira Posada

Cineasta documentalista, pedagogo y artista audiovisual, durante años fue colaborador habitual de numerosas revistas y  ha participado en muestras individuales y colectivas, así como en investigaciones visuales para las ciencias sociales, libros sobre grupos humanos, regiones, oficios y desarrollo sostenible, entre otros.

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